16 diciembre 2013

Cortylandia

No hay Navidad si no visitas Cortylandia. En mi caso el de Felipe II, que era mi Cortylandia de pequeña y hoy en día lo es para mis hijos.

Tengo que reconocer que o con el tiempo engrandeces el pasado, o la crisis se nota bastante y la calidad ha ido menguando. También puede ser que cuando eres niño, todo te parece maravilloso, porque mis hijos estaban felices, e incluso llegaron a decir que el tren iba rapidísimo...

A mi particularmente me gustó muchísimo el Belén. Como siempre muy bonito. Lleno de escenas y detalles donde perderse un ratito observando.





Como decía, la ilusión de los niños, multiplica las cosas por mil, porque el trenecito en cuestión, no es de los más grandes que ha habido. Y en 5 minutos da 4 vueltas...hagan sus cálculos de la velocidad.



Entre el Belén y el trenecito, hay una atracción más bien de feria de verano, que no pintaba mucho para mi gusto, y un tiovivo de los clásicos, hermano mellizo del que está fijo en Serrano.


Y hablando de la infancia...curiosamente me encontré con mi primera mejor amiga . Fuimos amigas íntimas desde que teníamos meses, amistad que se gestó gracias a nuestras cuidadoras,y que luego se amplió a los padres y hasta bien mayores. Luego por circunstancias de la vida nos separamos, y reencontramos esporádicamente, y siempre es como si no hubiera pasado el tiempo. El sábado nuestros hijos jugaron juntos mientras nos poníamos al día rápidamente. Va a ser verdad cuando dícen que la Navidad es tiempo de reencuentros. 



Besos





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