13 mayo 2015

Mi batalla con los zapatos



Puede que parezca una frivolidad, pero creo que una de las cosas que peor me sienta de lo de la dichosa cadera es el tema zapatos.

A ver, no soy Carrie Bradshow, ni llego a tener fetichismo, pero confieso que me encantan.

Antes de tener niños, y tener que ir a parques con arena, me chiflaban los zapatos de tacón. Incluso mi marido me regaló unos Jimmy Choo de vértigo que me he puesto en contadas ocasiones. Pero más de la mitad de mi presupuesto en ropa se iba en calzado.

Hasta ahora no me ha importado dejar de conducir (que me encanta), incluso llevar sólo bolsos en bandolera o que pesen muy poco, ponerme ropa de deporte e ir a nadar cinco veces por semana, soportar rehabilitación, estiramientos que parece que se te va a romper el músculo, tirones, o una úlcera de estómago de tanta medicación y fibra que toma una.

Pero cuando me han tocado el tema del zapato, ahí me han dado. ¡Qué tontería más grande! Pero qué quebradero de cabeza. De repente te encuentras que el noventa por ciento del calzado que tienes no puedes llevarlo, o por muy plano o por muy alto, por inestable, porque pesa…y empiezas a obsesionarte y a mirar a la gente por la calle, y es como cuando quieres tener un bebé y sólo ves embarazadas. Pues estos días yo solo veo bailarinas preciosas y zapatos de tacón.

En mi momento desahogo diario con el Santo, aún con un poco de pudor, porque estas cosas a él le descolocan bastante, le conté mi problema. Para un hombre, este tipo de cuestiones son como muy obvias, y su respuesta clara y concisa: pues te pones una zapatilla de deporte y listo.

Una vez más tengo la suerte a mi favor, y las zapatillas deportivas están de moda. Cierto es que yo durante gran parte de mi vida las he odiado, y en mi armario encontrarás como mucho unas tenis blancas, y las eternas Converse. Hace año y medio con el boom de las New Balance me subí al carro y los Reyes Magos añadieron unas a la colección. Poco más.

Animada por el Santo me fui a hacer un estudio de mercado y desde luego no será por variedad. Es verdad que a veces se pasan de colorines, o formas un tanto atómicas. Pero siempre hay ese modelo que dentro de lo que cabe puede encajarte. Y entonces te lo pruebas, y entonces…¡te lo quedas!



Así que aquí ando yo (nunca mejor dicho), engancha a mis nuevas zapatillas, ligeras, cómodas, con el ancho perfecto, la horma perfecta, que transpiran…y que me dan un look más molón según mis hijos.
 
Ahora con el calor, estoy en busca y captura de las sandalias perfectas. A mi favor tengo las alpargatas con poca cuña y las francesitas (bailarinas con un poco de tacón) que me han sacado del apuro en el momento de ir mona. Y por supuesto mis zapatillas.

Esto me lo dice alguien hace un año y me hubiera reído, cuando quizá le hubiera tenido que dar un beso. ¡Qué vueltas da la vida! Nunca digas de esta agua no beberé.

Por supuesto, los zapatos con tacón no los he tirado, será parte de mi legado, por de pronto a La Heredera le encanta subirse en ellos y sentirse, como ella dice, princesa.

La reina, por el momento, seguirá luchando consigo misma para superar su guerra, aunque la batalla mental comodidad vs moda parece que la ha ganado.

Un beso.


6 comentarios:

  1. Mas o menos estoy como tu,desde hace un par de meses tengo que llevar plantillas,por un problema en la cadera y lo que me esta costando encontrar zapatos...y no poder llevar tacones..no te creas que lo llevo muy bien,pero todo esa por salud,lo que no se es como me voy a calzar este verano..
    Un abrazo

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  2. te entiendo muy bien, cuando no pudes tener algo que te gusta lo ves en todos sitios!!!!!!!!! ayy es que unos buenos tacones lucen mucho, a mi de jpoven el calzado no me llamaba nada la atencion y ahora es de lo que mas me llama la atencion!!!!! los bolsos y los zapatos!!!!

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  3. Ande yo caliente y ríase la gente. Pues eso que aunque con mucho dolor para tí por no poder ponerte unos taconazos pero piensa que es por tu bien. Con lo cual, ponte lo que mas comodo sea para tí. Un besote

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  4. Me ha encantado tu experiencia. Toda una lección. Un abrazo

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  5. Hay que tomárselo con humor hija. Si no...menuda faena.

    beso grande

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