04 agosto 2015

Amanecer y recordar


Abro los ojos, y pasan unos segundos hasta que mi miopía me permite enfocar más o menos la habitación, sus luces y sus sombras. Estiro mi brazo derecho en busca de mis gafas, y me las pongo. Sigo quieta.

Ya con las gafas puestas escucho el silencio. Si, escucho. Porque lo saboreo, a veces incluso percibo la respiración de mis hijos en sus habitaciones, y me da miedo que la luz que se cuela por el pasillo, o cualquiera de mis movimientos, les despierte y rompa esta magia.

Me levanto, descalza, voy al baño y me pongo la bata sobre el camisón. Ando despacito hacia el salón, hacia la luz, aún una luz azul, porque es de día, pero el sol no ha superado la montaña de delante de casa. Todavía no ha inundado todo de un baño de oro.

La puerta de la terraza está abierta, siempre la dejo abierta las noches de verano. Es como un ritual, como cuando obligo a bajar las ventanillas del coche al subir el puerto de Navacerrada y que el olor a jara, a espliego, a tomillo, nos impregne, ganando la batalla al olor a asfalto que traemos tatuado de Madrid.

Salgo al balcón, y me siento en uno de los sillones, el que mira de frente a la montaña. Pongo mi pierna mala en alto, y cierro los ojos. Entonces la veo a ella. 

Con su camisón blanco, tan blanco como su pelo, sentada a mi lado, en la pareja de mi sillón de bambú, y a su vera, sobre la mesa de hierro blanca un tazón humeante con café con leche. Ella me sonríe, y saca su labor.

Juntas vemos como aparece el sol por una esquina, sobre El Chorro, y su luz va comiendo terreno a las sombras de nuestra terraza. Los colores a nuestro alrededor cambian, los verdes mutan de tono dentro de su gama, los blancos se vuelven amarillos, y los amarillos, dorados.

La temperatura sube, aún así, en el momento en que por fin el sol toca mi piel siento un escalofrío, y me arrebujo dentro de mi bata de algodón. Ella sigue a mi lado, en silencio, mirando hacia lo lejos, mientras sus manos trabajan sin parar. Doy un sorbo a ese café que nunca me saldrá igual.

Cuando el sol ya nos da de lleno, me giro y la miro, para darle las gracias por regalarme este momento, pero ya no está. Me doy cuenta de que se fue hace ya casi once años, aunque se fue antes, cuando su cuerpo cansado dejó libre a su mente. Gracias por estos recuerdos, por este momento. Por esta terraza, este mismo sillón, estas mismas vistas, y esta luz. Ahora que ando en busca de cosas que me templen el ánimo, llegas y me llenas la botella para que jamás esté medio vacía. Te quiero y te echo de menos.


19 comentarios:

  1. Qué bonito¡ me has dejado sin palabras. Espero que estés mejor. Un beso

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    1. Muchas gracias Cris. Lentamente y a veces me pesa el ánimo, pero sé que es cuestión de tiempo. Un besazo

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  2. Qué bonito! Me he emocionado. Este post sólo desprende sentimiento.
    Pilareb

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    1. Muchas gracias Pilar! Cuando estoy aquí mis abuelos están muy presentes. Es un viaje a las raíces. Un beso

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  3. Que bien escrito está. Soberbio!! Cuánto se echa de menos a los abuelos, que importantes son en la vida.

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  4. Verdad? Mi madre cuando leyó el texto me dijo que le encantaría que sus nietos le recordaran igual. Yo les echo mucho de menos. Muchísimas gracias! bss

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  5. Los abuelos son siempre uno de los mejores recuerdos de la infancia-adolescencia. Y preciosa la manera que tienes de sentirlo y recordarlo. Un amanecer para ti, un atardecer para ellos

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  6. Precioso, Esther, creo que muchos nos hemos identificado con este texto y preciosa también la reacción de Tu Madre. Ánimo, pequeña!Anaxx

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  7. Me ha gustado esta historia real. Eres fascinante contándolas, Disfruta con los tuyos de esos momentos mágicos y de ese fresquito porque en Andalucía no podemos más. Un besazo

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  8. Precioso Esther. Palabras hermosas para el recuerdo de esos seres tan especiales que nos dieron tanto cariño, dedicación, valores y que los tenemos tan presentes aunque pasen los años. Mucha fuerza y ánimo en tu recuperación y ya sabes que nunca debemos ver el vaso lleno. Abrazos

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  9. Un post precioso, escrito con muchisimo amor
    Un besazo y no te dejes vencer por el animo, siempre arriba

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  10. Me has hecho sentir mucha emoción!!! Y como uno ya es mayor,los recuerdos cobran vida. Me alegro que todos esteis reunidos y tu cuídate mucho,los niños están preciosos. Muchos besitos


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  11. Ay Esther!! Que forma tan bonita de describir el recuerdo de una abuela!! Me he emocionado recordando a la mía, a la que también echo mucho de menos y la quiero con locura!
    Me siento muy identificada, que importante han sido mis abuelos en mi infancia-adolescencia-juventud, y doy gracias por haberlos podido disfrutar tanto...
    Cada post tuyo me sorprende más!! Admiro tu forma de escribir y compartir tus sentimientos,
    Sigue cuidándote mucho, al final tendrás tu recompensa. Un beso fuerte.

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  12. Que palabras mas bonitas!!! Me he emocionado. Un besito

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  13. Eva.
    Precioso, yo también echo de menos a mi madre, también dejó primero su mente y luego cansada, su cuerpo.
    Bss

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  14. No te desanimes Esther,esas son cosas normales,mejor es que no pasen,pero si sucede pues ánimo y adelante,tu eres una niña muy valiente. Todos te mandamos besitos

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  15. No he podido disfrutar de mi abuela, solo conocí una viva y vivía muy lejos, en Jaén, y ya estaba con una artrosis que le había deformado las manos, aún así me acuerdo de su olor. Pocas veces pienso en ella porque la pude disfrutar poco, pero era mi abuela. Qué bonito lo has escrito todo hija, ole!
    beso grande

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